martes, 24 de mayo de 2011

Bloqueado

Me entran ganas de hacer un nuevo blog. No sé. Cambiar de estilo. Más simpático, más ameno, y por supuesto sin las idas de bola colosales que me suelen dar y que al final se acaban plasmando en una reflexión metafísica o filosófica sobre el sentido de la vida. Pero resulta que yo, soy así. Soy un poco em-pa-ra-noia-do. Y no sé si lo tengo, o no, asumido. Si tengo claro que esto son períodos, y que lo mismo dentro de un tiempo sí que estoy con mejor ánimo de seguir el blog y incluso hacerlo algo más ameno, pero por ahora sigo siendo el alma .…..ada que leéis muuuy de vez en cuando.
Alguien ha visto alguna vez a un artista feliz ??. Eso es lo que dicen. Eso sería la ostia siempre y cuando yo fuera efectivamente un artista y usara mis estados de ánimo para crear, aunque tengo que asentir que sí, que estoy algo menos inspirado que de costumbre. Pero nada, yo a lo mío. Y lo curioso es que noto que hay algo ahí, a punto de salir, y sin embargo continúo bloqueándolo. Como siempre, bloqueándolo todo en mi vida.
Y no lo acabo de entender oyes, porque yo recuerdo que tenía una buena aptitud para dejar fluir mis sentimientos y emociones, de eso hace unos años. Y no sé el por qué, pero en ese tema veo que voy para atrás como los cangrejos. Cada vez estoy más encerrado, más bloqueao.
Ojala alguien me echara una mano.

martes, 26 de abril de 2011

Con los ojos cerrados

Preferiría que leyerais este post con los ojos cerrados. Porque creo (o al menos así me lo parece), es como mejor se ven ciertas cosas. Cuando los tienes cerrados durante unos segundos siempre hay tonalidades y matices de luz que se filtran por nuestros ojos. Justamente es esa luz la que ilumina nuestra imaginación.

Dentro tenemos un baúl enorme o una simple maleta dónde introducimos todo lo que nos pasa. Y lo que nos gustaría que nos pasara lo metemos en una mochila, para así tenerlo más a mano. Y como si fuéramos un mago, sacamos de la chistera los cuentos las novelas y los dibujos que hacemos en papel. Bueno, en mi caso lo garabateo en este blog, pero y qué más da. Hay veces que las historias nos salen mejor y otras peor.

Pero normalmente solemos contarlos.

Y como siempre digo, acosta de hacerme pesaito, para eso hay que leer y vivir.
Intentar vivir como leer, de todo, para tener el baúl tan gordo, que los caracteres, signos y letras te rebosen como las burbujas de espuma en una bañera.

Posiblemente no contamos todo lo que vivimos, pero efectivamente, si no nos tiráramos a vivir, no tendríamos nada que contar.

viernes, 15 de abril de 2011

De el diario de Anais IX

hacía días que no iba por casa, he llegado y mi padre no estaba. Seguro que ahora está con un amigo, me gusta que tenga amigos, cuando era pequeñita mi padre no tenía amigos, tenía hijos, pero yo quería que tuviera amigos, no me parecía lógico…pero ahora entiendo que nosotros ya le servíamos, que uno siempre puede escoger la dimensión de su universo.

he ido a mirar por el baño, la cocina, como hago siempre y en ese momento he empezado a llorar, me he acordado de cuando llegaba a casa y tú estabas, porque recuerdo que tú siempre permanecías allí, porque no podías escoger, apresado en ese trozo de suelo… yo llegaba a casa y saludaba con un ¡¡Holaaa!!
y sabía que estarías, que seguramente llevabas bastante rato solo… y justo rodeaba el tabique y aparecías y forzabas una sonrisa que a veces sería de verdad, me acuerdo del día que te volví a enseñar a sonreír, cuando hicimos el “payaso” en aquella habitación del hospital.

ya sé que en ese momento no eras feliz.

pero si puedes y te apetece mándame un email por favor, o un sms a modo de telegrama y dime que sí, que tienes amigos y eres un poquito feliz y que no tenga miedo.

por fa, por fa, por fa, por fa, por fa, por fa ¿vale?

bueno, voy a lavarme un poquito la cara sin restregarme para que no se me ponga colorada y si se me nota a disimular, por lo de la alergia, que vendrá Eme, y tiene el don de leerme sin apenas verme, me traspasa y verá que he llorado y pensará que qué va a hacer con esta cría tan loca que le ha tocado…

pero tú desde el cielo escríbeme ¿vale?
siempre te quiero.

viernes, 8 de abril de 2011

Por donde ando.

Cuarenta y nueve cuando voy en el coche, cuarenta y nueve cuando camino hacia casa, cuarenta y nueve cuando me examino la conciencia, cuarenta y nueve si me paseo por las paradas del mercado, cuarenta y nueve cuando me miro en un espejo, cuarenta y nueve cuando me ducho, cuarenta y nueve cuando cierro los ojos, cuarenta y nueve mientras escribo este post, cuarenta y nueve, cuarenta y nueve, cuarenta y nueve.


Estoy leyendo La soledad de los números primos de Paolo Giordano. Me ha enganchado tanto que he decidido prescindir del punto de libro, así me obligo a retener durante todo el día el número de la página por el que voy. Cuarenta y nueve, cuarenta y nueve, cuarenta y nueve. Es el enigma en el que ando cavilando cuando pongo cara de andar rumiando algo.

Si Mattia no hubiera comprendido por sí solo que a su hermana le pasaba algo, ya se habrían encargado de hacérselo ver sus compañeros de clase, por ejemplo Simona Volterra, que cuando iban a primero y la maestra le dijo: «Simona, este mes te sentarás con Michela», ella se negó cruzando los brazos y contestó: «Yo con ésa no me pongo.»
Aquel día Mattia dejó que la tal Simona y la maestra discutieran un rato, y al final dijo: «No se preocupe, yo me siento con mi hermana.» Y todo el mundo pareció aliviado: la misma Michela, la tal Simona, la maestra…
Todos menos él.
Los dos gemelos se sentaban en primera fila. Michela se pasaba todo el tiempo coloreando dibujos, lo que hacía esmeradamente pero saliéndose de los contornos; aplicaba los colores sin ton ni son, azul para la piel de los niños, rojo para el cielo, amarillo para los árboles; cogía el lápiz como si fuera una batidora, empuñándolo, y apretaba tanto que cada dos por tres rasgaba el papel.
Y mientras, a su lado, Mattia aprendía a leer y escribir y a hacer las cuatro operaciones aritméticas -fue el primero de la clase en aprender a dividir con resto-; su mente funcionaba como un engranaje perfecto, del mismo modo misterioso como la de su hermana funcionaba de manera tan defectuosa.
Había veces en que Michela empezaba a removerse en la silla y agitar desesperadamente los brazos, como una mariposa atrapada; los ojos se le ensombrecían y la maestra se quedaba mirándola asustada, aunque con la vaga esperanza de que aquella retrasada se fuera de verdad volando para siempre. En las filas de atrás alguno se reía, otro le decía chitón.
Mattia se levantaba al fin, retirando en peso la silla para no arrastrarla, y se colocaba detrás de su hermana, que volvía la cabeza a un lado y otro y seguía agitando los brazos, para entonces tan rápido que parecían ir a desprendérsele. Le cogía las manos, le plegaba delicadamente los brazos sobre el pecho y le susurraba al oído:
- Ea, ya no tienes alas.
Michela tardaba unos segundos en dejar de moverse; se quedaba un rato con la mirada perdida y por fin, como si tal cosa, volvía a sus pintarrajos. Mattia se sentaba de nuevo en su sitio, avergonzado, con la cabeza gacha y las orejas rojas, y la maestra reanudaba la lección.( La soledad de los números primos de Paolo Giordano)


martes, 5 de abril de 2011

martes, 29 de marzo de 2011

¡qué raritos somos! ¿verdad?

Muchas veces me recuerdo de pequeño, mirándome muy fijamente en el espejo y diciéndome a mí mismo (emisor de mis paranoias infantiles) ¡qué raritos somos! ¿verdad?

Pues ahora sucede algo parecido, estoy sentado en el sofá, miro a la derecha… no estás, no está… vuelvo a mirar al ordeñador y parpadeo, un poco, no mucho, un par de veces, ¡qué raritos somos! ¿verdad?

Cuando éramos niños y íbamos llorando con la historia de: fulanito me ha dado en el ojo o menganito me ha quitado yoquese… siempre me decían ¡Pues habrá sido sin querer! o ¿estás seguro?

Y sin querer se llora a veces, y queriendo sonrío siempre (y a veces también sin querer, mejor me callo….seguro de nada)

Creo que sigo siendo raro incluso para mí mismo.
…Observa, copia y completa eso ponía en la pregunta tres del examen de supervivencia emocional.

Ahora no recuerdo que puse, la verdad es que tampoco recuerdo la pregunta.

jueves, 24 de marzo de 2011

El hecho de escribir

Ya sé que he tenido de lo más dejado el blog. De vez en cuando, actualizo con algo que había escrito durante un desplazamiento o le dedico unas líneas a algún pensamiento o recuerdo. Porque transcurrido tanto tiempo ahora me es imposible dejarlo del todo. Lo necesito. Es obra de mis desvaríos o disparates y eso es algo que me gusta a pesar de tener todo tipo de textos: unos me encantan, otros que no, los hay que me dejan impasible, y otros que me agitan. Estoy convencido que he perdido lectores. Cuando cambias los hábitos, es lo que tiene.

De mi existencia, poco más puedo añadir. Dentro de poco voy a empezar el capítulo cinco. O sea, una vida entera para escribir a lo sumo siete u ocho capítulos. No soy de los que planifico para nada lo que escribo. Leo, investigo, analizo, ojeo sobre el tema. Indago, porque hay tramas que ignoro y para que lo que cuento sea más verosímil prefiero darle ciertos detalles auténticos, porque al fin y al cabo mi menda, vive su momento y en su lugar.

A veces me quedo sin hacer absolutamente nada, mirando la caja tonta y notándome, no diré yo que muerto, pero sí, poco activo. Creo que la hormona del hecho de escribir a contracorriente es excesivamente adictiva, porque justo en esos instantes en los que “reseteas“ la imaginación mirando la tele, sólo pensaba, que necesitaba volver a escribir un culebrón de televisión.

Como diría más de una persona que yo conozco, el que me entienda que me compre.