jueves, 15 de julio de 2010

Una caprichosa, por favor.

Pues no, va a ser que no ha habido ni sms ni mail...ni ná de ná.

y como que ya se le ha pasado el ¿capricho...? nu se.

digo yo, que será por......

en fin, cuando llegamos a un cierta edad (avanzadilla) te empiezas a dar cuenta de que las idas y venidas tienen un cierto sentido...

acabas sacando la conclusión de que todo pasa por algo... y acabas por conformarte con casi todo...o casi nada.

que no se manifiesta...?

bueno, supongo que esto me rebotará a otra dimensión, digamos a otro espacio tiempo en el cual puede que conozca a otra “persona” que seguramente tampoco llamará (o sí) y a la que no habría conocido si esta se hubiera manifestado...

este minúsculo acontecimiento hará que seguramente vaya (o no) de vacaciones en agosto... a conocer nuevas ciudades a las que tengo ganas de ir... tengo mi reloj interno algo alteradillo, algunas cosas las veo súper-súper-lejanas....y otras que resulta que sí pasaron hace mogollón de tiempo y me parecen que pasaron antes de hoy... je je

tal vez necesite encontrar alguna lógica entre tanta ida y venida... en todos los pasos que me han llevado a estar justo en ese momento, en ese punto, con esas o esa persona... podía no haber sucedido, lo más lógico es que no hubiera ocurrido.... y sin embargo se repitió (pero no ocurrió)...

ya te digo, al final, siempre acabas por no darle la debida importancia a nada ni a nadie...

acabas "asumiéndolo" todo como... bueno y qué más da... al final tenía que pasar o no... ya veremos...

y terminó por convertirme en un mero espectador...

y no digo yo que eso sea demasiado bueno...

pero es lo que hay...

ahora solo quiero dar tiempo al tiempo y poder elegir entre todas las cosas (pocas o muchas) que la vida tenga a bien ponerme delante de las narices...

creo que en mi caso, y con mi karma, casi no me merece la pena hacer ningún tipo de esfuerzo para que ocurran (o no) cosas...

y eso es lo que hay... ahora toca esperar y ver... y ya el universo se encargará (o no)...
Todo esto me hace sonreír... y hablar "solo" con el ordeñador ... con el universo... y me digo ... pues sip, me voy a quedar con las ganas... haré como que nunca la he conocido...y recordarla por lo que pudo haber sido...

(otra vez)

en fin... a ver si ahora me lo curro un poquito más y mejor... aunque esta vez confieso que lo tenía todo absolutamente todo milimétricamente planeado pero... imprevistos del destino y de última hora, ya se sabe, el puto universo que va a su puta bola...

en fin... y para no aburrir mas, ya será para la próxima...(entrada del blog)……pues siempre pasa lo que tiene que pasar... y bla..bla…bla..bla...

ahora, momento, "tranki tío que no pasa ná…. juer" OFF!

lunes, 12 de julio de 2010

Aulas vacías

Ahora que los niños ya no van al colegio y las tardes son interminables, me vienen los recuerdos del final de curso.

Los finales de curso siempre me dieron algo de pena. Sentía algo así como una pena intensa –que por suerte era pasajera - y que solía dejar un regusto áspero en la garganta. Percibes el verano y los distintos destinos que tomará cada uno de tus amigos: el pueblo de los abuelos, la playa abarrotada, la montaña enormemente lejana, el balcón con el ruido callejero y el ventilador gruñendo desde el comedor. Desiguales destinos para esos ojos diferentes.

Seguramente alguno se despide de ti con un invisible corte de manga; otros, lo hacen con un guiño; otros simplemente no lo hacen porque, tal vez, igual que a ti, les duela algo que tampoco saben dónde localizarlo. Aunque sea complejo demostrarlo con una fórmula verbal, la velocidad de las despedidas es contrariamente proporcional al afecto que uno siente..

Una vez recuerdo haberme quedado en el aula. Solo. Sentado en el sillón cual trono de cualquier reino que se ha quedado vacío. Es como si siempre hubiera estado a si, vacio. Había algo que me retenía y que me anulaba el simple gesto de levantarme. Quizás ya no quede nada, ni siquiera un poco de lo que allí se habló… aquellos temas, el famoso tema siete, el de los rastros que se dejan en la nieve.

Ahora recuerdo que nos encantó a todos los estudiantes, queríamos saber más, ansiosos y expectantes. Y nos quedamos con las ganas, sencillamente no había más que dar. Hay cosas que se han de descubrir.

Y ahora muchos de ellos estarán en casa. Vacíos. Sin saber el qué hacer. Como autómatas a los que han desprogramado y que, al sentirse libres, no encuentran ningún camino. Unos autómatas que pudiendo ignorar todas las reglas y que, no obstante, prefieren quedarse acurrucados y silenciosos.

lunes, 5 de julio de 2010

Sin derecho a devolución

Tenemos que admitir lo impresionante que es la vida, y lo extraordinario de nuestro cuerpo, un caparazón en forma bípeda, pero no estamos excluidos de los defectos de fabricación. Por suerte o desgracia llegamos a este mundo sin ningún tipo de garantía ni de opción a devolución.

Por suerte para mí, no tengo ningún defecto de fabricación digamos que imperdonable, creo. O por lo menos esos defectillos de fábrica no me inhabilitan para ser considerado un persona, me asquea la llamada violencia de género, me cabrea sobre manera toda la violencia en general, la pederastia me pone enfermo y así una interminable lista de cosas que este servidor es incapaz de aguantar.

Creo que mis defectillos son más de los de estar por casa, normales, menos graves. Confieso que tengo uno que verdaderamente me tiene intrigado... mi discapacidad para enfadarme. Hay algunas situaciones que cuando las explico a mis amigos o conocidos me dicen. "¿Pero es que eso no te cabrea?, si solo al contármelo me enciendo." y la verdad pues no, a pesar de que se que si debería.

Hay cosas que me las tomo con filosofía, si tengo un percance intento comprender las explicaciones. Bueno vale, sí hay alguna cosa que otra que si me cabrea, pero el 85% no, sencillamente admito que son cosas que pueden pasar dentro de lo razonable y ya está. Y la verdad no me acabo de entender, me sorprendo al verme incapaz de saltar como a lo mejor sería razonable, o no, tanto me da.
Al fin y al cabo soy normal.

Perdonarme por estos días que llevo dándole vueltas al tema y no acabo de sacar nada en claro.

Simplemente somos seres sin derecho a devolución.

miércoles, 30 de junio de 2010

Tú...Yo...

:...Y yo te conozco lo suficiente para entenderte, cuando entre tus ideas desordenadas intentas buscar una explicación para lo que sientes. Te miro a los ojos, te veo y comprendo lo que te sucede, te lo he traducido, te lo he ordenado y finalmente te lo expongo para que tú seas capaz de comprenderte.

Yo:... Y yo me continúo preguntado qué coño pienso. Soy el único que puede escucharme, pero también soy incapaz de entenderme a mí mismo.

Otra vez vuelvo a sentirme solo, siempre cojeo del mismo pie, de siempre, he vuelto a tropezar con el mismo puto escalón, otra vez, y estoy en el mismo lugar del que yo creí escapar.
Prometí y me prometí no volver a hacerme daño, prometí y me prometí que no llegaría tan lejos, prometí y me prometí que no me volvería a dejar llevar...

He (re)descubierto que hace mucho tiempo que no cumplo nunca mis promesas.

Y aquí estoy, atrapado temporalmente en una (mi) rutina que no me llena, intentando poner algunas de las pieza de este puzzle que no encajan o no sé donde van. Y siempre, siempre, preguntándome en qué momento dejé de ser yo y deje de ser el dueño de mis actos.

martes, 29 de junio de 2010

Somos como las plantas.

Ahora tengo la certeza que las personas somos como las plantas.

Nos alimentamos de la Tierra justamente por los pies, recogemos la energía por los dedos.

Es por eso que en cuanto puedo, me descalzo. Por casa, por el campo o por la playa. Pues todo y eso, a mí me sigue dando un miedo terrible a dejar raíces.

Aunque normalmente meta mis pies bajo la misma tierra, me gusta de vez en cuando tocar diferentes tierras para nutrirme de su energía.

Para poder llevar a cavo eso, se necesita viajar. Es necesario ir a otras tierras, para meter los pies en ellas, poder sentir su humedad, su calor, sentir cómo la tierra se mete entre mis dedos, agitarlos, notar cómo se acopla a mi piel.

Notar la sensación de cómo su energía me envuelve, en sus tonos marrones, entra por las uñas de mi(s) dedo(s)…… de los pies.

Pero siento que ya es tarde para mí..., tengo raíces, pero eso no me impide pisar otras tierras, al contrario, es todo un placer..., pero después indefectiblemente siempre me vuelvo.

lunes, 28 de junio de 2010

Tiempos de espera

El quid de la cuestión me la proporcionó un comentario que escuche mientras veía una película que ahora no importa su título:

- La calidad y la importancia de las personas se puede medir en sus tiempos de espera.

- ¿En sus tiempos de espera? – me pregunté extrañado.

El protagonista, levanto la cabeza y me contesto…:

- Si, en ese tiempo que uno es capaz de esperar a la persona que sea, cuando has quedado con ella. Si tienes una cita con esa persona y te das cuenta que llega tarde, así de importante será para ti esa persona, en función de cuánto tiempo seas capaz de esperarla.

- Creo que lo comprendo. – contesté.

- Si tienes un amigo que es reciente seguramente le esperarás unos cuantos minutos antes de cansarte y largarte. Pero fíjate bien, si resulta que quien llega tarde y estás convencido que ese, es el amor de tu vida… te puedo asegurar que serás capaz de esperar cien, mil, millones de horas.

Al terminar, lo único que se me quedó fueron esas últimas palabras de aquel actor: “Pero fíjate, si resulta que quien llega tarde es…….”. Posiblemente haya sido la impaciencia la posible culpable de no haber (re)encontrado al amor de mi vida, maduré.

Aparqué el coche y me senté en un banco de un parque a esperar supongo que apareciera el amor de mi vida. Entonces pensé… cuántos minutos son cien, mil, millones….de horas?.

Paseaba gente, mujeres, unas guapas, otras atractivas, alguna que otra wenorra…y mujeres normales, madres, hermanas, hijas…mujeres, pero ninguna se sentó a mi lado. Incluso también pasaba y paseaba el tiempo.

Setenta y seis minutos más tarde tomó asiento, justo a mi lado, una mujer de unos 76 años y algunos meses.

- ¿Espera usted a alguien? - preguntó mirándome con paciencia.

- Sí., supongo… que a usted – y le compré una rosa a un hindú, para la anciana y me marché.

En mi coche, antes de arrancar, empecé a llorar.

- Me-cago-en-todos-los-amores-anacrónicos – maldije entre lágrimas.

miércoles, 16 de junio de 2010

Ser prisionero y carcelero

De tanto en tanto me gustaría estar prisionero... masoquista??? Es posible, pero también tengo que reconocer que no estoy pensando en rejas metálicas ni en muros de hormigón. A esas celdas puede optar cualquier persona, eso, si no te importa compartir habitación, las duchas y claro, cometer alguna que otra fechoría.

No, yo estoy pensando en otro estilo de rejas... me encantaría quedarme prisionero en esa cárcel que forman estas palabras, cuando a alguien, un día cualquiera le diera por intentar plasmarme en papel y con ello encarcelar esa (mi) esencia entre las tapas de un libro.
La vida eterna dicen por ahí que es una mentira, que no se puede vivir para siempre de los siempres... pero bueno, la vida de un libro puede que tampoco sea eterna, pero seguro que es lo suficientemente extensa como para no importarme.

Me gustaría ser ese protagonista de una historia, cualquier historia y no necesariamente la mía, y poder ser leído en la intimidad y el calor de una habitación a un a pesar y el pasar de los años...

Pero por ahora, y mientras esté en esta, mi libertad, me contento con ir haciendo prisioneros a todos los protagonistas de mi vida en las celdas de mis pobres letras, en esta (mi) prisión intima y personal.