martes, 4 de noviembre de 2014

No es lo que tengo, es lo que soy

Madre mía,  como para llevarme la contraria…!!!
Cuando no se conjugan espacio, lugar y tiempo invocamos el “no pudo ser” y la intensidad de lo que sentimos entra en coma profundo, pero ahí sigue. A la espera. Ese será su lastre. El que le acompañe allá a dónde vaya y le haga sentir a medias, cientos, miles de las cosas que viva. Sólo podrá -si es que puede- desprenderse de mí y tratar de vivir de otra forma. Mientras tanto, seguirá en esa búsqueda interminable.
Mejor que no vuelva, porque te das cuenta de que la habías idealizado y que ya no huele igual, ni ríe igual, ni otras cosas igual y lo que antes era un Casio ahora es un Viceroy porque como dice el anuncio, no es lo que tengo, sino lo que soy.
Hasta ahora sólo he ido encontrando parches para “seguir tirando”, algún día encontraré -puede que ya la haya encontrado- a esa mujer real, presente, que me desmonte con solo mirarme y no al contrario, a la que amarrarme puede que para siempre. He aprendido de lo vivido con….y con….también con.…y sobre todo con…. para ser feliz yo mis ángeles de la guarda y mis musas.
Ojalá qué la espera y la búsqueda os compense a todos los que os haya pasado lo mismo y que por aquí me leéis, por lo soñado, sufrido, esperado, desesperado y vuelta a empezar.
Después de este post……..¿alguien me hace un seguro de vida?

lunes, 3 de noviembre de 2014

La isla o el tesoro.

Vale estas jodida, pero quien no lo está, con algún que otro trauma o lo que tú quieras. De acuerdo no merecí pasar tu psicotécnico vital, que mentí en lo de la edad y me niego a llevar gafas porque quiero verlo todo como lo ven mis ojos (si la vida es borrosa, por algo será). 

Ya sé que no encajo, o mejor dicho no convengo en tu mundo exacto, que todos son buitres y yo un halcón viejo que cojea, que me aburres con tus reproches y me aburren tus martes y jueves y me aburre tu numerito de después, porque a ti te aburren. Pero yo estoy vivo y escribo. Lo demás me importa un carajo, me la suda, ya ves.
Una vez me preguntaste qué tres cosas me llevaría a una isla desierta. No lo dudé ni un segundo: mi coche, papel para el resto de mis días y un pallet repleto de bolis. No razonabas para qué coño quería llevarme el coche a la isla desierta. La contestación es obvia. Para follarme a mis musas en el asiento de atrás y escribir sobre ellas, te dije.
No cabía duda que aquella era una pregunta trampa. Tenías la ilusión de que te incluyera en mi lista para empezar de cero en tu entorno virgen: solos, tú y yo. Pero contigo también vendría el virus de tu pasado, las huellas de todos tus miedos y traumas. Y eso no te gustaba.
Cuando te ofrecen empezar de cero, es mejor no llevar testigos, por si te da por  mentir.
Y me acordé de una cita que dice más o menos: “Lo que importa es la isla, y no el tesoro”. Solo en la isla, sin nadie alrededor, sin traumas, sin ansiedad, sin malos rollos. Porque la gente suele ser el reflejo chungo de su alma.

¿Serías capaz de aguantarte en una isla desierta?


jueves, 30 de octubre de 2014

Sin caja de cambios

Jueves, 7,45h puto atasco, cada día lo mismo. Si todo fuera tan sencillo como cambiar la marcha del coche, poner la marcha atrás en este vehículo que es la vida  y desandar hasta el inicio del problema, justamente al mismo punto que me llevó al error de meterme en ese puto atasco del que ahora reniego, si fuera viable volver al principio del recorrido y tomar otro camino mejor, si todo fuera tan fácil como eso, meter la marcha atrás ante cualquier dificultad y cambiar de ruta, si todo fuera tan fácil, como digo, os aseguro que ningún psicólogo llegaría a fin de mes. Pero para bien o para mal las cosas no son así, la vida es un vehículo, hasta ahí todos de acuerdo, pero un vehículo sin caja de cambios que solamente nos deja acelerar, frenar, girar y poco más. No busquéis la marcha atrás y enfrentaros al puto atasco, a los socavones o a lo que sea. Ese es mi consejo. 
Porque de qué sirve quejarse, arrepentirse o fustigarse.
Flagelarse es de fanáticos, de enfermos, es cosa de otros. El dolor no vale. El dolor simplemente duele -otra cosa es que os guste el dolor. Ahí ya no entro. Allá cada uno-.
Así que si la cagáis y os metéis de lleno en un vía repleta de baches, echadle cojones u ovarios según toque: reconoce el error y aprende de ello. Nada más.

Pero si al día siguiente me vuelves a llamar para decirme que has vuelto a meterte en el mismo camino tortuoso y lleno de agujeros emocionales, entonces si tendré que llamarte gilipollas. Como yo.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Olvidarme de mí

A veces es difícil ser feliz. Es complicado esquivarse a uno mismo y no volver a caer en mis propios fantasmas y demonios, o evitar asfixiarme en la monotonía de mi propia voz. Escucharse uno mismo a veces cansa, o no te entiendes, o si pero demasiado intentando evitar asumir las evidencias, ya sabes, cuando la razón, -o la realidad-, lucha a muerte contra la intuición. Y cuando quieres, no puedes; y cuando puedes, no quieres querer, porque mi ángel de la guarda se disfraza de diablo y viceversa, y la lían. Menos mal que aprendí al menos a disimularlo bastante bien.
Y a pesar de todos mis conflictos, a pesar de esa campana que me aísla, que a menudo me abstrae y me ensimisma del mundo, si subo a un ascensor y la acompañante comienza a hablarme del tiempo, me acoplo con soltura y agradezco obviar, por un instante, mis conflictos y me vuelco en lo banal.

Y en momentos como ese es cuando pienso: qué cómodo sería simplificar mis  reflexiones, apartar esos demonios y simplemente vivir el aquí y ahora, disfrutar del sol que me broncea y me mata, de los pequeños detalles, respirar, amar sin condiciones, y sobre todo no escucharme ni escucharte. 
Asumir lo que soy. 
Olvidarme de mí.

martes, 28 de octubre de 2014

Volviendo atras....

Bueno, pues ya estamos otra vez aquí, Hacía mas de dos años que no me pasabasupongo que no he aprendido mucho de mi anterior experiencia tóxica, de a hí que nos volvamos a encontrar, tu mi blog y yo.
En todo este tiempo han pasado muchas cosas, unas buenas y otras no tanto. 

Yo creía haber aprendido a gestionar ciertas emociones y situaciones, pero esta visto que no debí progresar adecuadamente en esta asignatura y me quedó para recuperar en Septiembre.
Como dice el refrán, a quien hierro mata a hierro muere, por suerte esta máxima no se cumplió del todo y solo recibí unos golpes y magulladuras en mi otro yo, por lo que tuve que pasar una leve agonía lo mas rápido y mejor posible, porque en definitiva estas cosas pasan por que uno se lo busca. 

Después de tanto tiempo me apetece volver a este mi rincón y rescatarlo del ostracismo cibernético por petición popular -ejem- y en agradecimiento a que aquí fue, en los entresijos de sus letras, donde germinó esto a lo que no me atrevo a poner nombre.

Reconozco que no soy muy constante en mis aficiones y mucho menos en esto de escribir, sorry, pero todo está relacionado con las necesidades personales y las mías continúan sufriendo cambios importantes. 

Sea como fuere aquí me tenéis, sigo vivo.




miércoles, 23 de mayo de 2012

De pretextos y excusas

Nunca me han gustado las excusas. Ni las explicaciones sin venir a cuento. Mucho menos las historias rancias con tufo a mala conciencia.

No me gustan porque no las pido, ni las busco y por supuesto no las doy.

"Yo no quería, o si, pero...".

Si realmente querías y por alguna razón de peso no pudiste, no pudo ser y punto. Ya será la próxima vez.

Si por el contrario no te apeteció, pues eso, no te apeteció. Sin más excusas, porque aquí nadie es dueño de nadie y nadie tiene que reprochar que no te apetezca.

El hecho de no habernos visto no cambia en función de por qué no quedamos.

Y yo no pregunto ni tampoco espero que tú me lo cuentes.

Pero esos mails, mensajes, washaps y similares, matan.

Me recuerdan cuando éramos pequeños y faltábamos algún día al colegio y la madre o padre tenía que escribirte un justificante.

"Fulanito no ha podido asistir a clase el jueves 02 Nov. por encontrarse enfermo. Firmado: Madre-padre de Fulanito".

Pero es que además no sé qué coño contestar.

Siempre me quedo con la impresión de que una tarde que podía haber sido sugerente, graciosa, divertida, excitante, morbosa...pierde toda su magia en un montón de excusas forzadas que al final le quitan la gracia al asunto.

Mejor me avisas cuando me quieras decir que realmente sí quieres verme, que piensas emputecerte y me mandas una de esas fotos tuyas o uno de tus relatos que tanto me gustan. Eso sí que me anima el día.

jueves, 9 de febrero de 2012

Olores

La naturaleza siempre huele bien. Pero si hay un sitio especialmente aromático, un auténtico jardín de olores, es la cueva. Podría estar horas y horas oliendo las diferencias entre cada uno de los centímetros, antes de admirar la caverna húmeda del bosque, que eso ya es otra cosa.

El vientre femenino es como un bosque. Esos lugares cerrados, donde el suelo parece desprender una radiación tenuemente tibia, a tierra, a vegetación y a vida intensa. En el bosque, cada metro tiene un olor distinto. A lugar soleado, a umbría pesada, a matorral, a musgo, a helecho, a pinaza, a madera florecida...

Lo mismo ocurre con el vientre femenino. No es igual en la parte alta, donde el vello rizado hace un límite precioso con la tersura del vientre, que una vez cruzado el límite. En la parte alta el olor atrapa más influencias del exterior, se vicia un poco del sol o el salitre de la playa, o incluso del olor a ropa.

Pero una vez que llegas a ese lado que se introduce en los muros, allí entras en un abismo de olores. La humedad, la tierra hosca, el olor que se desliza como la bruma entre los matorrales. Avanzas, retrocedes, y cada rincón tiene una atmósfera aromática distinta.

Lo malo es que siempre te adelantas, siempre desciendes demasiado rápido a la cueva. Debería estar horas y horas en esa zona intermedia para poder apreciar toda la riqueza aromática que esconde su cofre de joyas olorosas.