martes, 4 de mayo de 2010

Mensaje en una botella.

Algunas veces me pregunto si esto no será más que gritar a la espera de que alguien, y no importa quién, me escuche y que con un poco de suerte me comprenda. Ya sé que es una forma un tanto arriesgada de abrirse, con la esperanza de que alguna de las millones de almas que navegan por estos mares virtuales se encuentre con mi botella y al leer el mensaje sea capaz de valorarme, de comprenderme, en definitiva de conectar conmigo.

Puede que todo empezara con un mensaje sin remitente, ni sujeto e incluso, en aquellas cuatro primeras líneas yo diría que casi sin escritor. Hoy es distinto, ya no hay escritor necesitado de esa comprensión post-traumática. Ya no hay un corazón deteriorado que grita para que le dejen cicatrizarse. Por no haber, no hay ni restos de dudas y/o de preguntas de que es lo que pasó. Estoy recuperado, ¿?.

Y ahora, que solo quedan las cicatrices, que todo está curado, que ya no hay miedos ni ná e incluso se ha recuperado una parte de la autoestima perdida... ahora me apetece seguir añadiendo mensajes a esta misma botella... ¿Con que intención?

Pues seguramente por la misma razón por la que siempre se han escrito los mensajes en las botellas, nunca sabes quién la puede encontrar...

lunes, 3 de mayo de 2010

Poker sentimental.

¿De verdad tenemos que planear el conocer a alguien?

¿Hemos de fingir y hacer cosas que realmente no son las que nos apetecen?

¿Por qué hay que jugar al gato y al ratón ocultándonos nuestros defectos y mostrando pocas virtudes?

¿No podemos jugar a la seducción siendo espontáneos y sinceros?

¿Por qué no puedo decirte que te echo de menos cuando a mí me apetece decírtelo?

Si me conquistaste con tu primer hola y yo hice lo propio con mi primera sonrisa... ¿Por qué tenemos que esperar a demostrarlo, a acostarnos juntos?

Con lo difícil y complicado que es conocer a alguien que valga la pena.

¿Por qué necesariamente hay que sentarse a una mesa de poker... poner su mejor cara y jugarse la partida.... "full house", todo o nada.

¿Por qué únicamente nos aferramos a los buenos jugadores de poker sentimental?

Si, a esos que nos indican con los ojos que tienen una escalera de color y a la hora de la verdad resulta que solo llevan una pareja de cuatros.

Supongo que de alguna manera las personas, (incluyéndome), sin querer jugar nos guardamos más de un pensamiento hasta que estamos seguros que la otra persona es un "jugador limpio".

Alguien, debería escribir un manual porque algunos (incluido un servidor) no sabemos las reglas del juego, con lo que o nos pasamos o nos quedamos cortos!

Nunca sabremos lo que perseguimos... o nunca perseguiremos lo que mejor nos conviene, la verdad, no sabría decirlo.

viernes, 30 de abril de 2010

¿Que estoy haciendo?

Recuerdo perfectamente haber escrito esas mismas palabras en un sms hace ya tiempo, con aquélla sensación de que esa situación a mí me venía grande. Que se me escapaba igual que se escapa el agua entre los dedos, y que por mucho que intentara juntar mis manos formando un cuenco, siempre acaba por desaparecer.

Recuerdo que al volver a casa, me tumbé en la cama sin siquiera quitarme el abrigo y aún manteniendo el teléfono en la mano, y que lloré mientras miraba esas letras escritas con desesperación. Lloré porque el quererla tanto me hacía daño, lloré cuando pensaba en todo lo que arrastraba alrededor, lloré porque sabía que me sobrepasaban esos momentos complicados y que cada vez que la besaba los veía, lloré porque tocaba, soy de llorar con casi todo...

Hoy me vuelvo a tumbar en mi cama, y esos recuerdos vuelven a mí, como hace ya muuuchos días. Permanezco tumbado mirando al techo, pretendiendo asumir que la felicidad completa no es más que utopía y que siempre habrá algo que nos atará al suelo cuando lo que realmente queremos es volar.

Entonces me vuelvo a preguntar lo que me preguntaba aquel día mientras lloraba y veía como se marchaba tras despreciarme en plena calle y mientras sentía que un puño me cerraba el corazón... ¿Que estoy haciendo?....Hoy se que estaba haciendo.

Es cierto que no volamos y estamos atados al suelo......pero mis alas te tapaban cuando llovía y cuando hacía frio en tu alma, siempre. Pero hoy lo que estamos haciendo es OLVIDARNOS y lo seguiremos haciendo mañana, y al otro....Ahora solo pienso en volar sin ella.

jueves, 29 de abril de 2010

Ella, Él, Ellos...

El a veces se obliga a comer algo.
El se obliga siempre a levantarse al sonar el despertador, a pesar del sueño que tiene.
Pero el ya no puede obligarse a sentir lo que ya no siente. No puede.
Y mucho más le cuesta el recuperarse a sus miradas de reproche.

Ella tampoco puede obligarse a dejar de sentir lo que siente.
Ni a mirarlo con ternura cuando el sonríe.
Tampoco puede evitar que sus ojos expresen la tristeza por lo que no puede ser.

Los dos son egoístas porque no se dejan, ninguno quiere aflojar la cuerda que les une.
El porque simplemente lo pasa bien, porque aun a pesar de no estar ya enamorado, le tiene demasiado cariño.
Ella porque aloja la esperanza de que él un día cambie de sentir.

Los dos son más que conscientes de que se están haciendo daño.

El contacto con los amigos comunes siempre les hace reencontrarse. Los dos están convencidos de que esta vez ya lo han superado. Y con una mirada basta para saber que no es así.

Se dejan llevar. Porque hay algo que les empuja a ello, porque no pueden, no quieren o no saben lidiar contra esas ganas que les consumen. Siempre terminan en la cama. Se citan entre las sábanas, mudos testigos de sus deseos. Tienen ese sexo aséptico, casi sin pasión, sin obsesión que tanto han odiado siempre. Emplean sus cuerpos solo como meros instrumentos de placer.

Posturas, jadeos y orgasmos yacen después sobre las sabanas. Agotados. Satisfechos. Con la sangre aún alborotada.

Ella lo observa desnudo cuando retorna del baño. Aun con poca luz reconoce cada uno de sus recovecos, sus lunares, sus gestos. El corazón le escuece, la lengua le quema con el par de palabras que sabe no debería pensar y menos decir.

El vuelve del baño, mira la piel de ella, que tantas veces ha recorrido, los pliegues de los que tantos gemidos ha extirpado. Mira su rostro y entrevé lo que piensa. Evita su mirada.

Se acuestan, se acarician obedientemente. Se cruzan sus miradas y otra vez está ahí esa mirada de ella. Mirada que dice pero sin decir, por que reprocha lo que ya no puede cambiar, que hace que él se sienta un hijo de puta.
Él no dice nada, en su cara se puede ver el desencanto, la impotencia de no saber cómo cambiarlo, el tormento de ver siempre repetido el entorno que intentan evitar.

¿Por qué a veces todo tiene que ser tan difícil?. Tanto que duele hasta narrarlo en primera persona.

miércoles, 28 de abril de 2010

Ha vuelto a pasarme.

Ha vuelto a pasarme.

El viernes pasado hablé en el tren con una mujer que, desde la primera frase, encajamos a la perfección.

Resultó una de esas conversaciones insignificantes sin base pero con forma: En los matices intuí que ambos teníamos el mismo sentido del humor, la misma visión del universo, las mismas ansiedades y casi los mismos deseos. Durante aquellos treinta minutos largos de trayecto fuimos como dos genuinas gotas de agua verbales, el efecto de espejo, uno del otro, una partida en tablas.

Resulto un flechazo inocentemente humano; ni siquiera recuerdo su físico, o su edad, si su condición de mujer. Esta vez no. En ella no vi sensualidad ni belleza, sino únicamente feeling.

Cuando llegamos a su destino, al despedirse, no pude evitar sentir la tristeza del viajero interrumptus. Me bloqueé, reconozco que fui lento de reflejos y dejé que se marchara sin saber retenerla, o alargar aquel trayecto con un café, o con mi/su número de teléfono escrito en el anverso de una mano, que no llegaron a rozarse.

Quién sabe, a lo mejor no lo hice por miedo a que lo interpretara como una insinuación por parte mía, que pensara que quería ligar sin más. No era eso. Únicamente quería continuar hablando con ella.

¿Cómo podía hacerlo sin que pensara en una doble interpretación?

Total que perdí mi oportunidad de prolongar ese feeling.

Pues eso, he perdido a otra de esas personas que se cruzan solamente una vez cada mucho.

Y no hace falta que tú me lo digas: Sí, ya lo sé.

Soy un gilipollas.

lunes, 26 de abril de 2010

El banco del parque.

Ayer, cuando volvía a casa, me paré frente a un banco del parque, se encuentra cerca del instituto donde estudiaba de jovencito.

Está entre unos árboles que de viejos parecen más bajos. Es el banco ideal para besar cuando tienes a alguien para besar.

Lo siento, pero no lo pude evitar y me senté en él. Inconscientemente pensé en cuantas veces se pude sentir ser la reina de este trono.

En esos momentos, cuando los besos son ávidos y torpes. Cuando los dedos son tímidos pero descarados. Y no pude evitar sentirme triste.

De esas angustias que te oprimen el pecho que están mezcladas con un poco de melancolía, que le daba un sabor de vodka amarga.

En todos los besos que en su día se dieron y que no se vuelven a dar. Y lo peor, de esos que nunca llegaron a salir de los labios, tan solo de la imaginación.

Recuerdo cuando imaginaba (soñaba) que era yo el que me sentaba y besaba.

miércoles, 21 de abril de 2010

Galleta de la no-fortuna

Este fin de semana estuve en un restaurante chino. Con más apetito que hambre, al terminar el postre, pedimos unas galletas de la fortuna, para cada uno la suya, claro.

Después que todos hallasen su fortuna en esos mensajes misteriosos, le metí un bocado a mi suerte, pero al mirar en su interior para leer el papelito con las “verdades” sobre mi futuro, me tropecé con una sorpresa: la galleta estaba vacía.

Tras superar la decepción inicial y admitir que me sentía estafado, lo primero que pensé fue pedir otra, pero me puse a mirar con detenimiento la galleta vacía y, para desconcierto de propios y extraños, sonreí.

Terminé de comerme la "galleta de la no-fortuna" cavilando que el mensaje que traía la mía, era el mejor de todos: si la galleta estaba vacía debe ser porque es mí obligación construirme mi propio destino.

Porque el destino no está en un papelito, el destino es lo que hacemos, lo que queremos, lo que uno imagina.

Ése debe ser mi futuro.