Pensar que la vida es una puta mierda es lo fácil y cómodo —y nosotros somos su víctima desamparada—, o que ese conductor del Seat Ibiza de color indeterminado que se acaba de cruzar en nuestro carril obligándonos a frenar y, por tanto, forzándote a salir de tu sopor, es lo que se dice un capullo. Por eso, bajar la ventanilla y vociferar imbécil, es lo fácil, eso es lo cómodo; que por culpa de ese hecho puntual y miserable ha conseguido anular de un plumazo todos sus resultados positivos, si acaso los llegó a tener en toda su historia. No sospechar que el conductor del Seat Ibiza pudo ser quien en su momento investigara, tal vez, el tratamiento de esa enfermedad rara que le salvó la vida a nuestro mejor amigo, eso no es lo cómodo, o que justo esa distracción fortuita de irrumpir en tu carril —“tu” con orgullo posesivo— fuera el resultado del agotamiento por tener que cuidar día y noche a una madre senil en su lucha para no olvidar quien es su hijo.
Reducirlo a la condición de hijoputa aunque su madre, evidentemente, tu no lo sabes, falleciera a los pocos minutos de parirlo, con ese hijoputa entre sus brazos, es lo cómodo, lo fácil. Más correcto habría sido haberle dicho, yo qué sé, “No te critico; es sólo que acabas de cagarla” pero como digo lo fácil y lo cómodo es anular de un plumazo su realidad y ya de paso rebajar toda la experiencia que le habita, sus treinta y tantos años de historia, a una categoría inferior a la que tú crees que pertenece.
Creer que el universo real gravita en torno a nuestras virtudes, y que todos los socavones, los despistes que nos obligan a frenar o peor aún, a cambiar de carril, no son más que una infección molesta incrustada a esa mierda que a veces es la vida, eso es lo fácil. Lo difícil es abrir nuestra mente y hacernos cargo de ese socavón, de ese obstáculo, y hurgar en sus motivos. Lo embarazoso es tirar del hilo y darte cuenta, que aquel del Seat Ibiza o cualquier otro tipo que se lamenta y lo critica todo desde el asiento de su coche tal vez sólo tuvieron un mal día, y en el fondo, en el nexo inicial de ese ovillo, están ahí gracias al resultado de un amor sin concesiones; que nacieron y crecieron porque una madre quiso alimentarles y protegerlos cuando aún no eran capaces de valerse por sí mismos, que los cuidó y curó cuando cayeron enfermos, que los ayudó a enfrentarse a la vida. Todo eso gracias, como digo, al amor.
En fin, pensar, cavilar, hacerse cargo, que el amor ha sido, es y será siempre el motor, el principio y el fin de todo, eso es lo difícil.
miércoles, 29 de abril de 2015
sábado, 21 de febrero de 2015
Somos historia.
Somos historia, eso que nos dibuja
falseados y nos indica que es improbable no repetirse, no dejamos de ser un
manojo de testimonios y hechos ordenados cronológicamente y transformados en un
relato más o menos contrastado que suele tener el capricho de buscar varias
causas para cada efecto, escrito además por todos aquella/os que resistieron
para poder contarlo, con lo que tampoco se tiene en cuenta con esa opinión y
enfoque de los que, en ese preciso momento de contarlo ya no están. Es como un
curriculum exagerado. Y como todo curriculum está saturado de exageraciones,
falsedades, olvidos y mentiras significativas sobre las que mejor no nos
pregunte nadie, porque podríamos liarla parda. No hay mayor ironía que nuestro
propio destino. Y tampoco hay destino más decente que la injusticia de la
verdad.
Así las cosas, no nos debería extrañar
que nosotros también seamos historia, historia emocional.
Solemos definir como familia a mucha
gente que en el fondo nos da igual. Pregonamos a los cuatro vientos que
encontramos pareja, que por fin renunciamos a la soledad. De nuestro descubrimiento hacemos una novela y la empezamos a extender, dilatar,
ensanchar, estirar. Hasta que un buen día algo se rasga y hay que recomenzar a escribir
la que siempre acaba siendo una trilogía. Y creamos un nuevo clásico tipo Millennium.
Algunas veces las incoherencias matan la conexión
de la trama, así que o bien las dejamos de lado o terminamos añadiendo detalles
y referencias que hacen que todo parezca
de lo más lógico y normal. “Lo dejamos
por esto y aquello. Apareció esa diferencia que lo cambió todo. Esas fueron realmente
las causas de nuestra ruptura. Siempre estuvo claro que lo nuestro no podría
durar mucho. Ahora no caería en los mismos errores. Lo siento, me he
equivocado, no sé querer como tú quieres. Si llego a saber lo que ahora sé”.
Haz un ejercicio y conecta todos esos puntos. Analiza tus posibles errores, si
es que los hubo. Hoy fracasa mejor que ayer, pero no que mañana. Unas veces se
gana y otras también.
Luego están las mentiras que nos decimos
para que todo siga avanzando. Porque si no fabulamos lo que sentimos, nos sería
imposible dar un paso adelante, ni odiaríamos lo que conseguimos, ni amaríamos
lo que dejamos atrás. Y como dice Javier Cercas, la realidad es la que nos mata, y la
ficción la que nos viene a salvar.
Probablemente te volverás a enamorar y de
quien no debes y la volverás a cagar. Volverás a demoler ese ejercicio. Y las
oscuras golondrinas, también volverán. Y volverás a sentirte tan memo como
siempre lo fuiste. Y tendrás que reinventarte antes de reconocerlo, antes de
echarte la culpa a ti mismo, algo que en su momento no viste. Para que todo
siga siendo coherente. Para que sigas mirándote
al espejo sin reconocer que continúas sin tener ni puta idea de nada. Que el
tiempo pasa por nuestro cuerpo dejando de todo, menos lo que tendría que dejar.
Sensatez, conciencia, hábito, estilo y ganas de volverlo a intentar.
Somos historia. Y curiosamente sólo otorgan
un Goya por mentir cuando de entrada todo el mundo está al corriente de que nada es verdad. Y hacen bien. Por eso se echan
en falta unos premios al cuento de la vida diaria. Al no, si ya sé que yo no
soy fiel, pero eso sí, soy de lo más leal.
Estaríamos celebrando premios todos los
días de la semana.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
No os deseo una feliz navidad
Y nuevamente han llegado….
Me gustaría poder estar
envuelto en una manta de verdaderos sentimientos de todo eso que toca decir en
estas fechas, paz, amor, felicidad y alegría, pero para muchas personas, las
Navidades, no dejan de ser una época de eterna nostalgia.
Y es por esos motivos por
los que…
No os deseo una Feliz
Navidad, sino una vida plena y placentera en todos y cada uno de sus días.
Tampoco deseo que en 2015
se vayan a cumplir todos esos deseos, sino que puedas seguir teniendo la
capacidad de continuar deseando hasta el infinito y más allá.
No te voy a desear que
tengas unas felices fiestas en compañía de los tuyos, sino que estos, los tuyos,
te acompañen en todos y cada uno de los pasos
de tu camino.
No te deseo un montón de
regalos, sino que vivas todos los días como si se tratasen de un regalo.
No deseo que se cumplan tus
sueños, sino que tengas y vivas una bonita realidad.
Ni siquiera te deseo que
todos los demás te quieran hasta el infinito y más allá, sino que tú y solo tú,
seas capaz de quererte a ti misma.
Fíjate bien, tampoco no te
deseo que nadie te lastime ni te haga daño, sino que tengas la capacidad de no
hacerle daño tú a los que realmente y de verdad te quieren.
No te deseo la felicidad total
y absoluta, sino que seas capaz de afrontar los problemas y dificultades que se
te presenten.
Tampoco te deseo que
tengas toda la suerte del mundo, sino que aproveches las oportunidades.
No te deseo que consigas
todo lo que se te antoje, sino que no dejes escapar todo lo bueno que hay en tu
vida.
Y para finalizar no te
deseo que pierdas el tiempo dedicándoselo a gente que no vale la pena y echando
de menos a los que de verdad si la valen, mintiéndoles a ellos y a ti, una y otra vez. Borrándote
de las fotos de sus vidas.
Por eso ya no te deseo………Navidad.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Reconocer que soy tontito
Lo confieso, ahora mismo no tengo problemas. Y los problemas que
he tenido a lo largo de mi vida, que reconozco han sido muchos aunque todos solucionables,
me los he buscado yo solito. De
acuerdo que nunca he estado enfermo. Que las féminas se
han portado mejor de lo que merezco. Que nunca me ha faltado el curro (quiera
dios que no ocurra) y por lo tanto dinero para ir tirando. Eso sí, sin
ambiciones. Por eso admito que no soy nada objetivo cuando escucho a la gente
soltarme sus dramas. Es cierto que algunos, parecen haber tenido muy mala suerte en esta
vida (accidentes, enfermedades, desempleo, parejas que salieron rana, amantes
infieles), y en esos casos mejor no meterse: sólo escuchar y en alguno ofrecer el
hombro. Pero también los hay que parece
que han nacido al calor del barro y eso en cierto modo les “pone”, meterse en
líos. Me explico, si te gastas tu subsidio de lo que sea en el póker online, es
normal que luego tengas problemas. Si eres de los que tiene la mano suelta y a
la mínima te lías a hostias, normal que acabes amontonando citaciones y
sentencias judiciales. Si no eres capaz de controlar cuando bebes, será normal
que termines liando la de dios. Si tiendes a la depresión o a la ansiedad y no las
tratas (hay pastillitas prodigiosas) lo normal es que tu problema se agrave y
por ende, acabes arrastrando a tu entorno. Acción-reacción o efecto dominó, se
llama.
Lo que me llama la atención es que nadie cree reconocer su parte
de culpa. Extraño es el caso de algún conocido que me acabe admitiendo que realmente
la cagó él solito, sin que nadie le ayudara. Siempre es culpa de terceros, la
empresa, de la pareja, del banco, de hacienda, de tu amante infiel, de un Mosso
cabrón o del portero de la disco de turno. Y claro, así es imposible dejar
atrás los problemas
y no empeorarlos como una bola de nieve cuesta abajo. Totalmente imposible,
diría yo.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Asiduidad
Toda relación es asiduidad. La asiduidad con la que hacemos las cosas juntos o con la que no hacemos nada por separado. La asiduidad con la que nos vemos y nos dejamos ver. La asiduidad con la que nos echamos de menos. Con la que estamos de más. Con la que sentimos. Con la asiduidad que nos reímos o con la que también lloramos. La asiduidad de nuestros planes. La de nuestros recuerdos. La periodicidad de las malditas discusiones y de las benditas reconciliaciones. Asiduidad y más asiduidad. Con la que nos acostamos. Con la que nos abrimos los ojos, la cabeza y el corazón. Asiduidad con la que nos apartamos estando juntos y con la que nos unimos desde la distancia. Con qué facilidad se olvida uno de la asiduidad con la que hacemos las cosas. Qué rápido se nos consumen y se vuelven rutinas. Y con qué facilidad olvidamos que si no hay asiduidad, ni relación ni nada, puede que aún seamos, pero desde luego ya no se está.
El hábito es esa asiduidad que nos gusta. Y el vicio es la que nos hace daño. Cuántas relaciones que son hábito las conservamos sencillamente por vicio. Y cuántos vicios usuales terminan siendo un simple problema relacional.
Mi gran asiduidad por importancia fue, es, y siempre lo será el error. Hace poco le dije a un amigo a quien aprecio mucho, Andrés, en esta vida descubrirás elementalmente a dos tipos de personas: a la mala gente y a los torpes. No hay término medio, o andas a mala fe, o probablemente serás de los que se equivoquen. Eso sí, asiduamente, sí. Por eso, hablar de asiduidades es hablar de alteraciones, de los errores y las meteduras de pata. Dos y hasta tres veces en la misma piedra.
Si lo extrapolamos a un plano, una piedra es igual a un punto, dos ya marcan una línea y por tanto una dirección en el espacio, y a partir de tres puntos ya definen un plano. Una asiduidad. Y todo lo que se salga de este plano, es lo que terminamos llamando erróneamente error.
Una relación es asiduidad. Si cambio esa asiduidad estoy cambiando la relación. Mejor aún, si cuido mucho mi asiduidad estoy cuidando nuestra relación.jueves, 20 de noviembre de 2014
Bailas conmigo?
Últimamente he vuelto a sentir que el tiempo se me escapa de entre los dedos.
Que ahora casi no recuerdo hacer cosas que antes sabía hacer. Y seguirán quedando en mi lista de pendientes, las que nunca he sabido hacer.
Y seguramente no seré el único que me sienta de esta manera, porque tenemos la absurda creencia que vivimos cómodamente, cuando en realidad, malgastamos nuestras energías en correr. Pura y llanamente. Correr para no perder el bus, no llegar tarde, acabar antes y para tener más tiempo. Y este, el tiempo, cuando llega, lo tenemos tan mal educado que continúa corriendo. Para no perder el yo qué sé qué.
Esperando y disfrutando de ese tiempo me encontraba cuando en una cafetería y en medio de un café, y como si ella no tuviera problema alguno para adivinar el pensamiento, una madre se dirigió a su hija: “Olga hija, en esta vida hay tiempo para todo”.
Y es cierto: nuestra vida da para muchas cosas.
Y sin embargo no sé para cuáles, sí sé que siempre van unas detrás de otras.
Nacemos y morimos. Equivocarme. Aprender y desaprender. Escribir un blog, como yo. Viajar. Enamorarte y quedarte en el intento. Destacar o ser etéreo. Que todos te elogien o que nadie sepa que existo. Querer y ser querido. Soñar despierto y despertar, a la vida. Hacer y pedir favores. Caer y levantarte. Estar jodido. Llorar de alegría y de pena. Sonreír, reír y soltar carcajadas. Decirte te quiero. Hacer lo que digo. Decir lo que pienso.
Puesto que somos personas predestinadas a cruzarnos, algunas veces, chocamos los unos con las otras por el camino durante un lapso de tiempo indefinido. Y eso es lo único que tenemos, lo que nos hace especiales en relación a las otras especies. Aunque unas veces nos parezca poco y en otras se nos haga eterno. Así que hay que aprovecharlo.
Que ahora no tengamos lo que anhelamos no significa que no vayamos a tenerlo nunca. Significa que hay que esperar, pero no sentados y sí así fuera sólo para volver a levantarnos.
Y lo cierto es que hay tiempo.
Hay tiempo para arrepentirnos, para retomar y para dejar y dejarte ir. De mudanzas enteras, tanto de piel como de ciudad. De hacer lo que nunca hemos hecho, hacer lo que antes no queríamos. De cambiar de opinión. De saltar.
Hay tiempo para rebelarse, de cabrearse, de querer mandarlo todo a la mierda, y mandarlo, irremisiblemente.
A menudo, nos ofuscamos con algo o alguien, sin darnos cuenta de que nada permanece como hace 60 segundos. Todo cambia, por mucho que nos enganchemos a ello. Y por esa misma regla, lo que nos entretiene en este preciso momento no dice mucho más de nosotros que lo que pasara hace uno, dos o más años o lo que pasará dentro de diez. Lo que estoy haciendo ahora no define quién soy, solo mi camino. Porque todo camino empieza con un paso y acaba con otro.
De lo que no hay tiempo, y no nos damos o no queremos darnos cuenta, es de desandar lo andado. De deshacer las palabras dichas. De desconocer (que no olvidar) a las personas que conocimos. De tornar a aquel lugar al que nunca fuimos. De no vivir todo lo que vivimos.
Es que hay cosas que irremediablemente se acaban. Tal vez porque nunca debieron empezar, tal vez porque tenían fecha de caducidad. Hay personas que están destinadas a no quedarse en nuestras vidas, solo a enseñarnos el valor que tiene su partida, las cosas que no queremos ser ni tener o las cosas que habremos de inventar para siempre cuando estas ya no estén.
Por todo lo expuesto, me gusta imaginar que la vida es bailar nuestra propia canción entre toda la gente que intenta bailar la suya propia.
lunes, 17 de noviembre de 2014
La importancia de ser el primero
Acaso habéis olvidado a vuestro primer amor, el primer beso, tu primer deseo. Hay cosas que permanecen de por vida y son inalterables al tiempo. Un segundo, un sueño, un deseo pueden cambiar tu vida para siempre…
El primer amor -qué pena!- la mayoría se dejan por imposibles, querer hasta las trancas es horrible, duele, duele en las profundidades del alma y inutiliza todo raciocinio, todo lo haces espantosamente mal porque te transformas en egoísta, déspota… con el tiempo todas las peores cualidades del ser humano florecen en éste tipo de amores, el que no controlas, el que se destila, el que duele hasta en la mirada del otro porque en sus ojos se reflejan las profundidades de tu alma, te cautiva y no te da lugar a la reflexión, lo das todo por él, y comienzas a pensar que tu vida no tiene más sentido sin su cercanía y si ese amor es compartido y mutuo, adiós!, es una cárcel en la que ingresas voluntariamente y que ni buscas ni encuentras, ni quieres saber nada de la llave.
Lo cierto es que amar así es algo único, vivirlo es lo máximo y pocos son los elegidos… quizás solo por eso valga la pena experimentarlo porque solo pasa pocas o una sola vez en nuestras vidas!
Cuidado! no confundir con la atracción que se siente tipo Ramiro y Sira en El tiempo entre costuras, por ponerlo fácil y reciente… porque eso es otra cosa!, es atracción incontrolable de sexos, que también existe, sublime mientras dura pero que no deja huella y si acaso rencor, mucho rencor.
Shakespeare sí lo profundizó en varias de sus obras, la leyenda de Tristán e Isolda, o la película El diario de Noa… Bécquer el eternamente enamorado de Julia Espín… en fin, en verdad es tocar el cielo con la punta de los dedos pero a la vez tan destructivo por lo que absolutamente es incompatible con ésta sociedad y en los escasos momentos de reflexión sabemos que tenemos que dejarlo, cortar con semejantes amarres si queremos vivir un poquito en una sociedad como la nuestra, que realmente no conduce a ninguna parte, puesto que el camino al nacer solo viene con una única condena de muerte implícita y ni eso podemos imaginarnos ni para ella, ni para él.
Cuidado! no confundir con la atracción que se siente tipo Ramiro y Sira en El tiempo entre costuras, por ponerlo fácil y reciente… porque eso es otra cosa!, es atracción incontrolable de sexos, que también existe, sublime mientras dura pero que no deja huella y si acaso rencor, mucho rencor.
Shakespeare sí lo profundizó en varias de sus obras, la leyenda de Tristán e Isolda, o la película El diario de Noa… Bécquer el eternamente enamorado de Julia Espín… en fin, en verdad es tocar el cielo con la punta de los dedos pero a la vez tan destructivo por lo que absolutamente es incompatible con ésta sociedad y en los escasos momentos de reflexión sabemos que tenemos que dejarlo, cortar con semejantes amarres si queremos vivir un poquito en una sociedad como la nuestra, que realmente no conduce a ninguna parte, puesto que el camino al nacer solo viene con una única condena de muerte implícita y ni eso podemos imaginarnos ni para ella, ni para él.
Que afloren o exploten todo ese conjunto de pasiones que escondemos nunca está libre de riesgos, así de ese modo no se puede, no se debe vivir, por eso tiramos de nuestra sensatez, y abandonamos, y escogemos un buen amigo, mejor compañero, alguien que te dé un amor tranquilo, para formar un hogar, acompañarlo de unos hijos y un viajero, muy como tú… para no tener que vivir siempre al borde del precipicio.
Ay!!! el amor, grande y verdadero.
Ay!!! el amor, grande y verdadero.
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